Relato Erótico de mi tía caliente
Siempre me a gustado mi tía Valentina y he soñado que me la estoy cogiendo casi todas las noches. Con sus curvas sensuales y mirada seductora, despertaba deseos prohibidos en lo más profundo de mi ser. Un día fuimos a la casa de mis tíos a una reunión familiar y mientras todos estaban ocupados, decidí seguir mis instintos y espiarla mientras se cambiaba de ropa.
Me escondí detrás de la puerta de su habitación, donde Valentina se encontraba buscando algo en su maleta. Sus movimientos llamaron mi atención, y no pude evitar espiarla. Ella estaba buscando un vestido rojo escandalosamente sexy, con un escote profundo y transparente que dejaba poco a la imaginación. Sus tetas redondas temblaban ligeramente bajo la tela, desafiando cualquier intento de ocultación.
Cuando lo encontró, se lo puso sobre sus curvas, y en ese momento comprendí por qué estaba buscando ese vestido. Ella se acercó al espejo y se miró de arriba abajo, sonriendo con satisfacción. Su culo prominente se destacaba bajo la tela del vestido, y sus piernas musculosas y sensuales se extendían hasta el suelo.
En un descuido, mi tía se percato de que yo estaba escondido detrás de la puerta y en lugar de enojarse se acercó a mí y me pidió mi opinión. Con la voz ronca, le dije que lucía maravillosa, que nunca había visto a nadie que se viera mejor en un vestido rojo. Ella me sonrió, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y promesa.
Sin decir una palabra más, se volvió y se alejó de mí, dejándome allí de pie, con la verga endurecida y el corazón acelerado. Era obvio que nosotros dos teníamos un lazo secreto, una conexión sexual que ninguna otra persona podía comprender.
Cuando Valentina se puso el vestido rojo, sus curvas se mostraron de manera más provocativa que nunca. Sus tetas estaban encerrados en un sujetador de encaje que se transparentaba a través del vestido, y sus pezones erectos eran claramente visibles. Su cintura se estrechaba hacia unas caderas anchas y un trasero redondo, y su falda corta dejaba al descubierto sus muslos firmes.
Me quedé mirándola sin poder apartar la vista, y ella se dio cuenta de mi atención. Sonrió y se acercó a mí, poniendo una mano en mi mejilla y acariciándola suavemente. Luego, sin decir una palabra, se inclinó hacia mí y sus labios se encontraron con los míos en un beso apasionado.
Mis manos fueron a sus caderas, y la acerqué más a mí, sintiendo la dureza de su cuerpo contra el mío. Mi erección se hizo evidente, y ella sonrió contra mi boca antes de deslizar su lengua dentro de mi boca para jugar con la mía.

La besé con fervor, sintiendo el deseo arder dentro de mí como un fuego salvaje. Mis manos se deslizaron por su espalda, desabrochando su sujetador y separándolo de su cuerpo. Sus senos se desplomaron, gruesos y hermosos, con pezones erectos y oscuros.
Me incliné hacia ellos y los tomé en mi boca, uno por uno, saboreando la suavidad de su piel y el sabor dulce de su piel. Ella gimió y se agarró a mi cabeza, empujándome más profundamente en sus senos.
Después de un rato, me levanté y la empujé contra la pared, deslizando su vestido hasta sus muslos y revelando su ropa interior de encaje. Sus labios estaban hinchados y rojos, y sus ojos brillaban de deseo.
La agarré por las nalgas y la levanté, llevándola a mi cintura y empujando su ropa interior a un lado. Ella enrolló las piernas alrededor de mi cintura y se agarró a mi cuello, jadeando mientras mi pene se deslizaba dentro de ella.
La follé con fuerza, sintiendo el placer aumentar dentro de mí como un volcán a punto de explotar. Ella gimió y gritó mi nombre, jadeando y retorciéndose sobre mi pene.
Después de un rato, sentí que el orgasmo se acercaba y aumenté mi velocidad, empujando más profundamente y más rápido dentro de ella. Ella gritó de placer mientras su cuerpo se tensaba y se estremecía de placer.
Finalmente, exploté dentro de ella, sintiendo el líquido caliente salir de mi cuerpo y llenar el suyo. Ella se relajó en mis brazos, jadeando y acariciando mi cabello mientras nos recuperábamos del placer intenso.
Después de un rato, me separé de ella y la bajé al suelo. Ella se enderezó y se ajustó el vestido, sonriendo y besándome una vez más antes de irse.
Cuando terminó, me limpió la boca con un pañuelo y sonrió. «Gracias», dijo en voz baja. «Eres tan delicioso». Luego se levantó y se volvió hacia la puerta. «Y no digas nada a nadie», añadió, antes de abandonar la habitación.
Me quedé allí, con el corazón acelerado y el cuerpo exhausto, sintiendo el placer todavía presente en mi cuerpo. Sabía que no podía resistirme a ella, y que nuestro deseo era demasiado fuerte como para resistirlo. Pero también sabía que no quería resistirlo, y que estaba listo para más.

Un buen polvito rápido y reparador
Muy bueno!! Me imagino!! Ese momento!! Cuando te sacas la tanguita!! Manda algunas fotos!! Yo pude coger a mi tía!!
Estuve toda una tarde de invierno !! Con ella en la casa!! Le chupe la concha toda la tarde !! Que lindooo!! De dónde sos!!?